Tratado breve sobre el querer, el amar y el deseo
Colección poética
I. Querer
Te quiero
como se quiere lo que aún no se posee:
con cuidado.
Querer es sostener
sin cerrar el puño,
mirar sin apropiarse,
permanecer sin exigir.
Te quiero
porque existes,
no porque seas mía.
II. Amar
Amar es quedarse
cuando el brillo baja la voz.
Es aprender el peso real del otro,
no el que imaginamos.
Te amo
en lo que no me das,
en lo que no prometes,
en lo que eres
cuando nadie te mira.
Ahí
el amor deja de ser deseo
y se vuelve hogar.
III. Deseo intenso
El deseo no grita.
Aprieta.
Se concentra en un punto del cuerpo
donde la sangre
recuerda su oficio.
No te deseo por partes:
te deseo como totalidad inmediata,
como pensamiento que arde
antes de hacerse gesto.
IV. Querer otra vez
Querer vuelve
cuando el amor descansa.
No compite.
Se turnan.
Te quiero en lo cotidiano,
en la voz cansada,
en la presencia simple.
Querer
es el pulso constante
que permite al amor
no romperse.
V. Amar sin miedo
Amar no debería doler
como advertencia,
sino como vértigo.
No es herida:
es altura.
Te amo
sin garantías,
sin cláusulas pequeñas,
con la lucidez de quien sabe
que amar
es exponerse
con dignidad.
VI. Deseo que piensa
Hay un deseo
que no necesita tocar
para ser intenso.
Se instala en la mirada,
en la pausa,
en el pensamiento que vuelve
una y otra vez
al mismo nombre.
Ese deseo
no se consume:
se afila.
VII. Convivencia
Querer, amar y desear
no son enemigos.
Son estados del mismo cuerpo
aprendiendo a nombrarse.
Te quiero para empezar.
Te amo para quedarme.
Te deseo
para no olvidar
que seguimos vivos.
